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Encrucijada ética de la tercera dimensión

10 minutos de lectura
Por The IT Profile - agosto 30, 2016    tecnologías innovadoras, TI al día, aplicaciones móviles, economía colaborativa, impresión 3D

La impresión en 3D puede hacer cualquier tipo de objeto. Los retos éticos corresponden al uso y aplicación de esta tecnología.La impresión 3D permite reproducir casi cualquier objeto. Esto tiene importantes beneficios para acceder a productos que antes se tornaban escasos y a su vez, genera retos serios en cuanto a los alcances éticos de la copia y reproducción de los productos.

Las tecnologías para imprimir en tercera dimensión han comenzado a llegar a un grado de madurez que les permite copiar casi cualquier cosa, desde alimentos hasta órganos, sin dejar de lado armas, casas, piezas y componentes para máquinas del presente, el pasado o el futuro.

Existen diversos mecanismos para imprimir en tercera dimensión, incluso los tornos y los troqueles para madera y metal, que han dominado los talleres de mecánica y las carpinterías, los millennials los entenderán más como impresoras que como maquinaria pesada. Por lo tanto, al referirnos a impresión en 3D, debemos centrarnos en que los principales modelos de impresión en la actualidad se basan en la adición, es decir, en ir pegando capa por capa de un material plástico o de un polímero determinado, para lograr un objeto o una pieza, sin dejar de lado las posibilidades de agregar metales, resinas u otros elementos para obtener productos específicos.

Factores del cambio

La impresión en 3D pasó del terreno de la ciencia ficción para convertirse en tecnología productiva a mediados de los años 80, con tecnologías propias de cada fabricante, lo cual hizo que en sus primeras décadas este modelo productivo fuera muy costoso y se usara solo para soluciones más experimentales que funcionales.

A finales de los 90 y ya entrando en el tercer milenio, algunas variables inciden para lograr que la impresión en tercera dimensión bajara de lo abstracto al terreno productivo. Una de las más importantes  es la iniciativa RepRap, desarrollada por el doctor Adrian Bowyer, la cual consistía en una impresora que copiaba sus propias piezas, con lo cual se lograba en primer lugar, armar nuevas impresoras y en segundo lugar -y aún más importante-, abrir la posibilidad de que cualquier persona pudiera adquirir y armar sus propios equipos.

El segundo impulso, provino de la nube, un modelo de computación que permite acceder a plataformas, aplicaciones, soluciones y diseños en cualquier momento y lugar, con solo tener conexión a internet. Esto logró que, en menos de un lustro, se redujeran los costos de impresión entre 20, 100 y hasta 1.000 veces, dependiendo de los materiales, mientras se expandía el uso de la impresión en tercera dimensión a usos cada vez más diversos.

El tercer impulso es la economía colaborativa y el crowdfunding, modelos económicos basados en plataformas tecnológicas que reducen pasos para conseguir fondos y que permiten compartir recursos sin necesidad de acudir a los métodos tradicionales, pero que pueden poner en riesgo la competitividad del mercado, los derechos y deberes de los involucrados en el mercado y hasta sus propias prácticas.

De acuerdo con el ingeniero Juan Carlos Marino Dodge, las tecnologías para impresión en 3D “se irán desarrollando para trabajar con múltiples materiales y se usarán para crear prácticamente cualquier objeto. Sin embargo, se mantendrán en mercados de nicho orientados hacia productos personalizados y prototipos, pero no podrán competir con las economías de escala. Una de las principales aplicaciones estará orientada a la medicina, como la creación de modelos 3D para practicar cirugías, desarrollar órganos y cultivos para prueba de medicamentos.

Hoy, la impresión en 3D ya no es un segmento aislado de empresas pioneras que buscan un ángel inversionista o ser compradas por un fondo de inversión. Por el contrario, este mercado ya ha llegado a la madurez y su oferta superó el segmento de los prototipos y los modelos y ahora es tan amplia que abarca desde órganos y piezas para medicina y ortopedia, hasta vehículos y casas, así como tornillos o componentes de productos que salieron del mercado y ahora son parte del pasado.

De acuerdo con el Dr Manuel Dávila, decano de la facultad de sistemas de la Universidad Minuto de Dios y fundador de la Red de Programas de Ingeniería de Sistemas, REDIS, que reúne a más de 60 entidades en Colombia, existen 3 escalas en cuanto a la evolución de la impresión en 3D:

“La pequeña escala, en el sentido de usos unitarios, no industriales, sino de forma personal en asuntos como el arte, la alimentación, el hogar, el hobby, así como en la experimentación a nivel educativo, entre otros aspectos. Esta escala tal como la definimos será grande en el sentido de que, si bien su uso es unitario, se expandirá a tal grado que creará un mercado enorme como sucede con las impresoras 2D”, asegura Dávila.

“A mediana escala se usarán en asuntos como la proteica, la medicina en general, la odontología, el desarrollo de prototipos y en asuntos que tienen que ver con servicios a las personas para resolver problemas de índole personal, entorno que también crecerá debido al tamaño del mercado”, agrega el experto. “La gran escala será en el área industrial con grandes impresoras 3D capaces de manipular metales o en general materiales de industria en donde los costos de una impresora puede llegar al millón de dólares fácilmente”.

Retos de la impresión en tercera dimensión

Compuesto por láminas superpuestas de fibra de carbono que le confieren dureza, este auto abre las posibilidades de tener avanzados diseños, hechos por cualquier ussuario. Compuesto por láminas superpuestas de fibra de carbono que le confieren dureza, este auto abre las posibilidades de tener avanzados diseños, hechos por cualquier usuario.

Este crecimiento lo corrobora la firma de investigaciones Gartner, la cual espera que en 2016 se alcance una distribución de 496.475 impresoras para tercera dimensión en todo el mundo, 103% por encima de lo predicho para 2015 y esta tendencia de doblar el volumen de impresoras entregadas cada año se mantendrá hasta 2019.

Con precios en descenso para las impresoras y sus insumos,  con una demanda en ascenso para estos equipos, sumado a modelos económicos que obvian la competencia convencional, es evidente que se generarán cambios disruptivos en ambientes tan diversos como la medicina, la manufactura, la producción industrial y la innovación, entre otros campos.

Si todos pueden imprimir piezas y partes de un producto o incluso el producto completo, los diseñadores y los fabricantes enfrentarán un reto importante frente a la manera como distribuyen sus productos, cómo los venden y los derechos que los protegen, pues las impresoras 3D podrán reproducirlos fácilmente.

Y si es objeto a imprimir es una pieza prostética, como una pieza dental o incluso algo más complejo, como un riñón u otro órgano, al ser una copia, se abre la pregunta sobre los límites y las responsabilidades éticas y de seguridad física tanto de los usuarios como de los proveedores.

Según Oscar Dueñas, director general del laboratorio de innovación Cymetria, “la impresión 3D es claramente una de las nuevas promesas de la tecnología. Tendrá que ajustar muchos elementos, entre ellas, las leyes de propiedad intelectual que ahora deben tener en cuenta este tipo de retos. Existen áreas en las que la impresión 3D podrá ser muy útil, sin embargo, también tenemos que estar muy pendientes de los peligros potenciales, entre ellos las armas y las drogas”.

¿Sin control?

Gartner afirma que para 2019, el 10% de la población en países desarrollados contará con objetos impresos en 3D que estarán en sus cuerpos, esto equivale a cerca de 600 millones de personas, lo cual implica un volumen interesante. Las líneas de negocio donde estarán estos productos estarán en la electrónica de consumo, en los dispositivos y prendas para jugar, ayudas y apoyos cosméticos además de avances médicos.

Mientras tanto, en el tercer mundo, existirán también avances y nuevos usos, pero los sistemas y mecanismos de registro de la propiedad intelectual, los modos de uso y aplicación de las tecnologías así como de los componentes de las soluciones de impresión, junto con los estándares, se usarán con laxitud poniendo en riesgo a los usuarios, particularmente pero no excesivamente en el campo de la salud.

Así, por ejemplo, un joven podría recibir una prótesis impresa en 3D para resolver su problema de movilidad, pero esta podría estar fabricada con plásticos o resinas tóxicas que pueden dañar la calidad de su vida en el mediano y largo plazo.

Manuel Dávila considera que “el nivel de control para el uso indebido de todos los artefactos que son regulados por los derechos de autor, no es fácil. Casi que se podría generalizar al decir que no es posible controlarlo, ya que el mal nace de una actividad humana. Tal vez una forma más apropiada de referirse a estas posibilidades delictivas es sobre lo 'descubrible' más no de lo controlable”.

Frente a los problemas de copia o plagio, el ingeniero Juan Carlos Marino Dodge, comenta que “actualmente se están evidenciando este tipo de problemas. Con la tecnología actual no es posible controlar el plagio, quizás se logre añadir algún tipo de marca que sea exclusiva para cada impresora como en su momento se hizo con las copiadoras. Otra opción es proteger el modelo original de tal manera que una persona pueda abrirlo y usarlo solo si tiene el derecho para ello”.

Las naciones y los entes multilaterales bloquean el uso de impresión 3D para la creación de cierto tipo de objetos, como las armas, sin embargo, este tipo de bloqueo es legislativo y no operativo, es decir, se vuelve un delito, pero no por eso se evita su ejecución.

Economía colaborativa: ¿Una amenaza?

Imprimir una vivienda será una solución para las familias que las requieren con urgencia. También serán un reto para la industria de la construcción y la generación de empleo. Imprimir una vivienda será una solución para las familias que las requieren con urgencia. También serán un reto para la industria de la construcción y la generación de empleo.

La propiedad intelectual queda al margen de la impresión en 3D si tenemos en cuenta algunos elementos que le han dado fuerza a esta tendencia. En primer lugar la reglamentación, al respecto Manuel Dávila, decano de sistemas de la Uniminuto, comenta que “fuera de las reglamentaciones de los derechos de autor que han tenido que ser actualizadas o creadas debido al alto niveles de innovación que se da en el mundo de las tecnologías, no conozco actividades propias dirigidas a este nuevo tipo de ente productivo. Hay quienes hablan de las prevenciones, como lo hace la IEEE en el reporte del año pasado sobre las 23  nuevas tecnologías que afectarán a la sociedad de aquí hasta el 2022. Allí,  simplemente se enuncia”.

Por otro lado, frente a tendencias como la economía colaborativa, donde sobresalen modelos como AirBnB y Uber, que buscan que las personas aporten y cobren por sus servicios desde una aplicación, sin mediar la legislación o la regulación sobre el uso de viviendas como hoteles, en el primero, o autos privados como transporte público, en el segundo, la impresión en 3D no podría delimitarse de ninguna manera.

Así, una industria como la de la vivienda, queda expuesta ante la economía colaborativa, pues las familias de bajos recursos optarán por imprimir sus viviendas y no atenerse a la construcción tradicional o los costos que exige una casa bajo estándares y regulaciones de las ciudades y los países, con los riesgos que esto conlleva. A esto se le suma la posibilidad de desestabilizar un sector que genera millones de empleos en todo el mundo.

Perspectiva

De cualquier forma la impresión en 3D llegó para quedarse y los gobiernos, la academia y los entes multilaterales se enfrentan a la necesidad de una regulación que permita el uso seguro de los objetos impresos, el pago de algún tipo de regalías por la propiedad intelectual, sin menguar en la creatividad y el espíritu innovador de las personas.

“Las innovaciones tecnológicas que se avecinan en la impresión 3D cambiarán nuestras vidas. En el sector salud se realizarán grandes avances, impresión de órganos, prótesis, entre otros. Efectivamente existe un gran riesgo similar a lo que pasa con la impresión 2D. La velocidad como salen las impresiones será más rápida y crucial en lo que respecta a propiedad intelectual”, afirma Oscar Dueñas.

Las tecnologías para impresión en 3D “se irán desarrollando para trabajar con múltiples materiales y se usarán para crear prácticamente cualquier objeto. Sin embargo, se mantendrán en mercados de nicho orientados hacia productos personalizados y prototipos, pero no podrán competir con las economías de escala. Una de las principales aplicaciones estará orientada a la medicina, como la creación de modelos 3D para practicar cirugías, desarrollar órganos y cultivos para prueba de medicamentos.

Frente a los problemas de copia o plagió comenta que “actualmente se están evidenciando este tipo de problemas. Con la tecnología actual no es posible controlar el plagio, quizás se logre añadir algún tipo de marca que sea exclusiva para cada impresora como en su momento se hizo con las copiadoras. Otra opción es proteger el modelo original de tal manera que una persona pueda abrirlo y usarlo solo si tiene el derecho para ello”.

Las naciones y los entes multilaterales bloquean el uso de impresión 3D para la creación de cierto tipo de objetos, como las armas, sin embargo, este tipo de bloqueo es legislativo y no operativo, es decir, se vuelve un delito, pero no por eso se evita su ejecución.

 

Por su parte, Manuel Dávila afirma que “Colombia debería prepararse para construir este tipo de impresoras. Estos dispositivos son el producto de múltiples avances que van desde elementos metalmecánicos, metales y sensores, hasta software, conexiones servo mecánicas, materiales para la producción de los objetos y en general elementos que son ensamblados más como una tarea de integración de tecnologías que de una tecnología monolítica. Por lo tanto se deberá incluir la capacitación en los colegios, las universidades, las empresas y el público en general porque con las impresoras 3D aparece otro medio para el diseño con características muy propias. Los elementos producidos deberán tener color, textura, grosores, estética e ingeniería para que cumplan el objetivo para el cual se diseñen y esos son aspectos más cercanos al arte que a la técnica”.

Así, más allá de la ética, queda la impresión en 3D, abierta al debate y al uso, de forma simultánea.

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